Dejemos la Economía, igual remonta: Mercadona contra el ministro

Había una vez un tendero que vendía salchichas en la carretera. Con el tiempo amplió el aparcamiento y puso un cartel luminoso que incrementó la concurrencia. Pudo así enviar a su hijo a estudiar economía. Con el consejo de sus profesores, pronto alertó a su padre de que venían tiempos difíciles y era recomendable dejar de invertir. Su padre desconcertado, ante la insistencia de expertos, acabó por recortar la promoción. Progresivamente menguó la clientela, hasta que cerró. Al final el padre tuvo que dar la razón al hijo: “la crisis era más seria de lo que había pensado”.

Esta historia del profesor Pereira -de empresa no de economía- caricaturiza magistralmente nuestra situación, y apunta por contraste, la vía de la recuperación. ¡Dejemos la economía!, que igual remonta. Continuar leyendo “Dejemos la Economía, igual remonta: Mercadona contra el ministro”

Dirigir por Esperanza: Kierkegaard contra la crisis

Diez días después del accidente aéreo, congelados sobre un glaciar a 3.500 metros llegó la información. “¡Eh, chicos!, hay buenas noticias. Acabamos de oírlo en la radio. Han suspendido la búsqueda’. Se hizo el silencio dentro de la cabina llena de gente, y según les iba invadiendo la desesperanza por su difícil situación, gimieron: “Por qué diablos son buenas noticias? -Páez gritó enfadado a Nicolich. Y éste contestó “Porque quiere decir que vamos a salir de aquí por nuestros propios méritos”(La Tragedia de los Andes).

Las situaciones críticas ponen al descubierto el talante del jefe, su mezquindad o heroísmo, sus ángeles o demonios enmascarados en la rutina del día a día. En el borde del abismo se disciernen los espíritus. He aquí el corazón del momento actual, el dilema del dirigente ante la crisis. ¿De qué lado quedamos?

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El más burro el Jefe: cuando Dilbert tiene razón

“Las empresas son sabias y colocan a cada uno dónde más pueda aportar. Pero si un empleado no sabe nada, es situado dónde menos daño pueda hacer: en la dirección”. Así es el Principio de Dilbert, que siempre me inspira. ¿Somos jefes que saben de lo que hablan, o exigimos a los demás, sin ayudarles en cómo lograrlo?

Ninguna dosis de genio puede sustituir la preocupación por el detalle. Insistir en conceptos genéricos como liderazgo, estrategia o calidad sirve de poco. Para dirigir personas hay que conocer el negocio, hasta el punto de saber los costes, los calendarios y fechas clave, los emplazamientos, las personas de referencia, lo que funciona y lo que no: ¡Cuánto se agradece que te digan “así no vas bien”!

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Management sin decimales: contra la ciencia exacta

El primero de la clase se encuentra al peor en un Porsche. ¿Veo que te va bien la vida? Y contesta “sabes que no acabé el bachillerato, me puse a trabajar. He hecho de todo. Ahora tengo un negocio: compro a 100, vendo a 200, y con este pequeño 2% voy tirando”. Yo me pregunto: ¿qué fomentamos: el cálculo de porcentajes o el comprar a 100 y vender a 200?

 Un colega de marketing, cuyas clases precedían inmediatamente a la de matemáticas, cuando notaba a los alumnos excepcionalmente concentrados, sabía que a continuación tenían examen y repasaban. La matemática es el modelo de materia, de explicación, de ejercicio, de pregunta preguntable, y la forma de evaluar aceptable.

El paradigma matemático dificulta el sentido Continuar leyendo “Management sin decimales: contra la ciencia exacta”

Ponga un Niño en su oficina: la mejor inversión

“Tras la desaparición de Andersen duermo como un niño, me despierto cada día a media noche y lloro” decía Joe Bernardino, su último presidente. No es frecuente encontrar niños por los pasillos de las oficinas –sólo el viernes fuera de horario o en Kidzania.

Trabajo y niños parecen antitéticos. Vamos a la fábrica porque ya no somos niños, porque hace tiempo que nos afeitamos y sabemos que no existen los reyes magos. Pero ¿qué pasa en un centro laboral si entra un niño? Se convierte por derecho propio en el centro de las miradas. Los presentes sonríen, o abiertamente se ríen. Se rompe el rigor escénico. Aflora la ternura. ¿Nos interesan estos valores?

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