Ponga un Niño en su oficina: la mejor inversión

“Tras la desaparición de Andersen duermo como un niño, me despierto cada día a media noche y lloro” decía Joe Bernardino, su último presidente. No es frecuente encontrar niños por los pasillos de las oficinas –sólo el viernes fuera de horario o en Kidzania.

Trabajo y niños parecen antitéticos. Vamos a la fábrica porque ya no somos niños, porque hace tiempo que nos afeitamos y sabemos que no existen los reyes magos. Pero ¿qué pasa en un centro laboral si entra un niño? Se convierte por derecho propio en el centro de las miradas. Los presentes sonríen, o abiertamente se ríen. Se rompe el rigor escénico. Aflora la ternura. ¿Nos interesan estos valores?

Continuar leyendo «Ponga un Niño en su oficina: la mejor inversión»