Cuando empiezas a atisbar alguna respuesta, la vida te cambia todas las preguntas. Es una de las ideas que caracolea en mi cabeza estos días. Como también esta otra: Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. Bueno, hoy es jueves, y los jueves hay paella. En momentos de desconcierto general resulta esencial agarrarse a alguna certeza.

Si no pudiéramos estar seguros que el jueves hay paella caeríamos en el desconcierto que provoca el Efecto Buffet. Qué diferente es la experiencia de un restaurante con menú del día con la del buffet libre (all you can eat). El número de opciones es mucho mayor en el segundo caso, ¿pero acabamos comiendo más variado que en el restaurante de menú?

Paradójicamente la proliferación de opciones simultáneas reduce en la práctica el número de opciones escogidas. Hay tanto por elegir que acabamos comiendo siempre lo mismo. Quedamos perplejos ante una oferta tan amplia y nos refugiamos en lo conocido y seguro. Una vez más, menos es más.

La mejor forma de abordar un menú variado -o cualquier otra variedad de asuntos- es con una secuencia rítmica de prioridades. En estos días de confinamiento, sólo una cadencia nos puede salvar. Resulta absolutamente necesario que el jueves siga habiendo paella, uvas el fin de año y pavo por Navidad.

La estructura rítmica facilita la actividad, mecaniza, convierte en habitual la variedad. Nos evita sobre todo el esfuerzo de decidir. Como ha mostrado la moderna teoría de la decisión (Kahneman/Tversky) decidir cuesta. Nuestra energía para tomar decisiones es limitada y se gasta.

Por eso los principales políticos y empresarios, como el ex presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, Steve Jobs o Mark Zuckerberg, reducen su ropa diaria a uno o dos atuendos, para limitar la cantidad de decisiones que toman al día.

Las decisiones entre opciones parecidas estresan mucho y aportan poco. Las reuniones directivas suelen caer en la Ley de la Trivialidad de Parkinson: dedicar grandes esfuerzos deliberativos para dirimir asuntos insignificantes como la fiesta de navidad o los logos de la papelería. Quedamos sometidos a la Tiranía de las Pequeñas Decisiones. Como el Asno de Buridán, que no pudiendo decidirse entre dos montones de paja de idéntico tamaño acabó muriéndose de hambre.

Yo intento aplicar esta estrategia a las principales personas que dependen de mí: mis 7 hijos. La vida no me da para dedicarme a cada uno de ellos cada día: saber cómo se encuentran, pensar qué pueden necesitar. En consecuencia, procuro preocuparme cada temporada por un hijo y apenas de los demás. Curiosamente, es la fórmula para acabar dedicando una temporadita a cada uno. Como dicen ellos: ¡Cunde!

Hay una sencilla cancioncilla popular catalana, La Masovera, que es un ejemplo perfecto de esta estructura rítmica de agenda. Y puede darnos una pista de supervivencia en este escenario confinado que vivimos, cada vez más parecido a Walking Dead.

El dilluns llegums, (El lunes legumbres)

el dimarts naps, (el martes nabos)

el dimecres nespres, (el miércoles nísperos)

el dijous ous, (el jueves huevos)

el divendres faves tendres, (el viernes habas tiernas)

el dissabte tot s´ho gasta, (el sábado todo se lo gasta)

el diumenge tot s´ho menja” (el domingo todo se lo come).

La estructura rítmica de agenda es una de las herramientas de gestión que presento en mi nuevo libro “Slow Down: De Atolondrados a Pacíficos”. Curiosamente, gracias a estos días de parón, ahora sí he terminado el libro y lo he enviado a las editoriales. Empieza la  #PacificLeaderRevolution.