La principal amiga de mi mujer está estresada. Y esto es malo para mí. Resulta que su marido, que dirige un grupo empresarial de sardinas, no para en casa y está de muy mal humor. “El encargado que puso no sabe mandar, no está encima de los problemas, no se gana a la gente, no conoce el producto… ¡Y esto que es MBA por la mejor escuela de negocios del país!”. Seamos sinceros: ¿sirve para algo la formación directiva?, ¿crea diferencia?

De sobra sabemos que nuestros líderes empresariales (Amancio Ortega, Thomas Meyer o Pepe Hidalgo) estudiaron poco management . Y que Steve Jobs, Bill Gates o Mark Zuckerberg sólo obtuvieron un título académico por la puerta de servicio, como doctores “honoris causa”.

Va siendo hora que reconozcamos el escaso, nulo o incluso negativo impacto de muchas acciones de formación sobre el ejercicio cotidiano del liderazgo. La realidad supera la ficción. ¿Mejora el trabajo en equipo cursar -individualmente- un curso de la materia por e.learning? ¿Somos mejores comunicadores por memorizar textos sobre el proceso comunicativo ideal?

A las empresas ya no les interesa la formación directiva, me decía Joan Seix con su sentido común. Compran transformación, cambio: pasar de un estado actual a otro mejor. Los directores generales sólo deberían comprar algo planteado de esta forma.

Llevo más de 5 años desde que irrumpió el proyecto Gestión de Incompetentes/Managing Incompetence: cursos, conferencias, entrevistas, publicaciones, foros internacionales… No quiero hacer balance ahora, sino apuntar la necesidad de dar un paso más.

En el blog, linkedin o facebook recibo a diario comentarios elogiosos de mis textos y planteamientos. Algunos llegan a decir que le han cambiado la forma de entender la organización. Lo celebro. Pero no salgo tan reconfortado cuando cierran su mensaje con frases como “te animo a seguir iluminándonos”, “no dejes de escribir”. Vale, escribir, ¿pero para qué? y ¿para quién?

He podido comprobar que la Gestión de la Incompetencia despierta interés entre los directivos. Pero cuesta más que ese “interés intelectual” se entienda como una herramienta para resolver problemas cotidianos, para transformar su empresa. ¿Cómo dar este salto?

Pasar de impartir Contenidos a encarnar Hábitos

Los grandes valores corporativos (servicio, agilidad, honestidad) son letra muerta si no se viven encarnados en sus líderes. No podemos luchar contra el estrés del grupo si el jefe es un impaciente atolondrado.

Nada cambia si no cambian los hábitos de quienes dirigen. Las organizaciones empiezan a reflexionar a partir de problemas “externos” que no van cómo deberían. Pero todo programa profundo de cambio debe acabar abordando las (in)competencias “personales” de los managers. En la Autogestión del Directivo siempre encontraremos la última palabra. Cambia tú mismo y habrá un sinvergüenza menos en el mundo.

De cambio personal a cambio organizacional

Desilusiona mucho, volver entusiasmado al puesto de trabajo después de un taller inspirador, y ver que nada ni nadie encaja con la ilusión que traemos dentro. Una acción formativa enfocada a personas aisladas tiene las patas muy cortas. Por mucho que nos hayamos divertido, mi cambio personal sólo podrá consolidarse en una organización en transformación.

De Reconocer Incompetencia a Desarrollar Competencia

Todas las teorías tienen razón en lo que critican, pero no la tienen en aquello que defienden. Criticar es tarea fácil -sobre todo si es al trabajo de los demás-. Pero es más árduo seguir la senda larga de la construcción de una nueva competencia o de la implantación de una nueva cultura corporativa.

El proceso inicial de “denunciar” y “reconocer” incompetencia –al que yo soy especialmente dado-, debe acompañarse de un proceso en positivo de desarrollo de una nueva competencia. Es preciso complementar la potente pars destruens del Managing Incompetence, con una pars construens igualmente poderosa.

 

Una andadura de esta envergadura no la puedo acometer en solitario. Se necesita un equipo de personas expertas en acompañar y facilitar ese cambio. Se necesitan herramientas poderosas para incidir en la mente y en el alma de los directivos. Se necesita, en fin, una organización cargada de talentos cohesionados, capaz de plantear y llevar a cabo un proyecto ambicioso de transformación global de las organizaciones.

Por eso quiero anunciar desde aquí que Managing Incompetence ha iniciado un acercamiento con el proyecto Arise: Culture & People. Que reune perfectamente las características y principios que acabo de comentar.

Una propuesta radicalmente optimista, que bien podría tener como lema este pensamiento de Antoine Saint-Exupéry “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar”.

Os invito a subiros conmigo al barco de esta apasionante travesía.