Queridos lectores: Esta semana me han hecho una entrevista en El Punt Avui de Catalunya. Podéis leerla aquí en catalán. Para los hispanohablantes he tenido a bien traducirla en este post. Espero que os guste.

¿Cómo se le ocurrió lo de gestionar la incompetencia. Estaba harto de tratar con inútiles?

Fue una doble reacción. Por un lado, veías montones de papeles, personas perdidas que no sabían qué hacer en la fábrica … Y, por el otro, todo era triunfalismo hablando de cómo era de competente la empresa.

¿Qué es peor, un directivo competente rodeado de incompetentes o un incompetente dirigiendo un equipo competente?

Lo peor es el no reconocimiento de la incompetencia. No es tan malo no tener talento como no saber que no tenemos. Sostengo que todos somos incompetentes y que, para arreglarlo, hay que empezar por uno mismo y no buscar la paja en el ojo ajeno cuando tienes una viga en el tuyo.

No debe ser fácil que una organización de incompetentes detecte su incompetencia …

En entornos de poder jerárquico, la incompetencia no sale, porque nadie le dice al rey que está desnudo. Es lo que de tanto hablar con imbéciles algún día se acaba sin notar la diferencia.

¿Y como aflora en estos entornos la conciencia de que se es incompetente ?

Aflora cuando por alguna circunstancia la competencia hace algo mejor. Entonces te preguntas por qué no lo has hecho tú. La crisis hace que la incompetencia flote y que se descubra que hay otros recursos y otras maneras de hacer las cosas.

Lo mejor para detectar la incompetencia es buscar alguien de fuera que te diagnostique ?

A veces encuentras empresarios que piden que les digas cuáles son sus deficiencias. Un elemento externo puede ser una ayuda.

dilbert

¿Es cierto el principio de Peter , según el cual todo el mundo va subiendo en una organización hasta que llega a su nivel de incompetencia?

Este principio, que ya usaban los romanos, es de una lógica inapelable. Un ejemplo lo tenemos en el fútbol: Bojan Krkic tuvo un éxito flagrante en infantil y subió hasta el primer equipo del Barça, donde no dio la talla. De todas formas, yo soy más de en Dilbert, que va más allá: en las tiras cómicas que protagoniza este informático se ve que cuando uno llega a su nivel de incompetencia no se detiene. Continúa subiendo .

¿Qué hizo el japonés que da título a su libro?

Era un conductor de veinte y pocos años en una gran empresa de ferrocarriles que iba con un minuto y medio de retraso y que, por temor a que lo echaran o que el sancionaran-estando el fin de semana arrancando hierbas-, aceleró para llegar a la hora, el tren descarriló y encontró la eternidad con más de cuarenta pasajeros.

Por incompetente?

Al principio se le culpó, pero el caso llegó a los tribunales, que terminaron considerando que había sido una víctima más de una cultura de empresa que le abocó a descarrilar el tren. Se hacen muchos discursos sobre la excelencia, pero una parte del problema es que cuando planificamos exageramos. Se crean unos objetivos demasiado atrevidos, se exige demasiado a las personas, y acaban estrellándose.

FIN.

Como siempre, ¡espero vuestros comentarios!